FUENTE: LAFUSTA.COM (CHAJARI - ER -

 

04 de Julio de 2017

ESCÁNDALO NARCO-POLITICO:

En Paraná traficaban toneladas de droga en los camiones de la Municipalidad.

La caída de la banda que lideraba Tavi Celis dejó al descubierto un preocupante nivel de penetración del narcotráfico en la estructura municipal.

El Intendente de Paraná Sergio Varisco -UCR- (izq)  Junto al narcotraficante “Tavi” Celis (der)
 
Las escuchas telefónicas revelan que el jefe narco manejaba una unidad municipal, a partir de un acuerdo político de alto nivel, y eso le permitía utilizar camiones recolectores para trasladar la droga de un lugar a otro. Se estableció, además, que la banda disponía de varias pistas de aterrizaje y que la droga llegaba también por tierra y por agua.
 

Los hermanos Celis lideraban una organización que operaba en distintos barrios de Paraná (Antártida Argentina, Paraná XVI y San Agustín) y extendía sus redes a las localidades de San Benito, Viale, Hernandarias, Nogoyá, Seguí e incluso hasta Santa Fe, Santo Tomé y Alto Verde. El negocio consistía en la venta de marihuana al menudeo y en el aprovisionamiento a otras pequeñas bandas.

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Como suele ocurrir en este tipo de organizaciones, la estructura estaba constituida por grupos familiares, y por eso, junto con los hermanos Celis cayó el padre de ambos, Eduardo Ramón Celis; el hombre que los crió, Miguel Carmelo Leguizamón, su esposa, Miguela Valde; y María Fernanda Orundes Ayala y Yamila María José Corradini, parejas de Daniel y Miguel Celis, respectivamente, entre otras personas.

FUE EL ÚLTIMO GRAN GOLPE AL NARCOTRÁFICO, PERO NO TUVO NADA DE CASUALIDAD

Los efectivos de la Policía Federal y el juez Leandro Ríos llevaban varias semanas esperando el aterrizaje de la avioneta y ese episodio, el domingo 28 de mayo, marcó el punto final de una investigación que reveló un complejo entramado de vinculaciones y complicidades entre la estructura que encabezaban los hermanos Celis, con el poder político y con sectores de la Policía; y se sucedieron una serie de allanamientos y la detención, hasta el momento, de 22 personas.

RELACIONES PELIGROSAS

Tavi Celis pretendió emular a Pablo Escobar. Ese fue su error. Construyó su poder desde el asistencialismo en el barrio Antártida Argentina, ocupando el vacío estatal; y con gran astucia –más una buena porción de suerte–, logró evitar a la justicia: enfrentó tres causas por delitos de narcotráfico y nunca fue condenado.

El año pasado quiso tomar el control del gremio de los trabajadores municipales, a pesar de que no es empleado municipal; y hasta que cayó en desgracia era común verlo por los pasillos del palacio comunal.
 
Según pudo saberse de las escuchas telefónicas recolectadas durante los meses que duró la investigación surge que Celis habría aportado una suma de dinero millonaria a la campaña electoral de Sergio Varisco a cambio de 40 contratos para allegados y la designación de dos personas de su confianza a cargo de la Unidad Municipal 2 Oeste: Hernán Jesús Rivero y Miguel Carmelo Leguizamón, aquel apodado Cebolla, jefe y subjefe del área.

Rivero es un empleado de planta del Ministerio de Cultura y Comunicación de la provincia. Fue contratado en 2003 para desempeñarse en la Orquesta Sinfónica de Entre Ríos y en 2008 fue designado como jefe de la División Prensa, Publicidad e Informática de la orquesta. En 2010 pasó a la Municipalidad de Paraná, hasta 2013; y reingresó en diciembre de 2015, como jefe de la Unidad Municipal 2. Cebolla Leguizamón es quien crió a los hermanos Celis, un hombre que no sabe leer ni escribir.

 

Ambos se encuentran detenidos. Su tarea, concretamente, era la de colaborar en el almacenamiento, distribución y venta de marihuana utilizando para ello camiones recolectores de basura afectados a la unidad municipal y que carecían del sistema de GPS, para evitar el seguimiento, localización y rastreo de los vehículos.

El articulador de esa negociación entre el equipo de campaña –tal vez el propio Varisco– y el jefe narco fue Pablo Hernández, que llegó a ser concejal como parte del acuerdo. El dato también surge de las escuchas telefónicas, y por eso el edil debió declarar hace unos días como testigo ante el juez Leandro Ríos.

Pero lo que más sorprendió a los investigadores fue el nivel de penetración de la banda narco en la estructura municipal. Tenía el control absoluto de la Unidad Municipal 2 Oeste, a partir de un acuerdo político de alto nivel, y eso le permitía utilizar camiones recolectores de residuos para trasladar la droga de un lugar a otro. Un día, por ejemplo, Daniel Celis llamó al teléfono fijo de la unidad municipal ubicada en calle Pronunciamiento 624 y pidió que le tuvieran listos dos camiones sin GPS porque al día siguiente debía trasladar lo que llamó “cosas” y “muebles” desde algún aguantadero hasta San Benito.

Un eslabón importante en este tramo de la cadena era Cristina Javier Silva, un hombre de extrema confianza de Tavi Celis, que trabajaba en la unidad municipal y era quien, se presume, ejecutaba los traslados de la droga en los camiones. La amistad era tal que el jefe de la organización le había asignado la administración de sus bienes y el manejo de operaciones financieras y cambiarias para obtener liquidez monetaria.

TRASPASO DE MANDO

Titi Celis asumió el control de la organización tras la detención de su hermano, el 9 de agosto de 2016, a raíz de un hecho que se presentó como un intento de asalto a mano armada en una estancia de Las Cuevas, departamento Diamante.

En realidad, ambos compartían y se prestaban el control de las decisiones. Pero tras la caída de Tavi, su hermano reestructuró la organización con otros colaboradores. La pareja de Titi, Yanina Corradini se ubicó un escalón por debajo y era quien transmitía las órdenes a los encargados de la distribución y venta sobre el stock y disponibilidad que tenía la banda; y era también el nexo entre los hermanos, como también lo era Fernanda Orundes Ayala, pareja de Tavi.

Un escalón más abajo estaban Patricio Facundo Larrosa y Miqueas Julio Córdoba, que le brindaban asistencia personal a Titi Celis. Por ejemplo, el día en que aterrizó la avioneta, los efectivos federales vieron a Larrosa y Celis deambulando por las inmediaciones, como si estuvieran haciendo controles sobre una posible presencia policial. En el nuevo esquema, Julio César Vartorelli, Jonatan Romero y José Marcial Caballero se encargaban del transporte y distribución de la marihuana a los vendedores y demás organizaciones satélite, y luego se ocupaban de recaudar lo producido.

En el nuevo esquema, habían sido desplazados Renzo Bertana, hijo de Daniel Celis, que oficiaba como recaudador para el jefe narco detenido; y María Laura Zurita.

NARCOLANDIA

La droga le llegaba a Celis por aire, por tierra y por agua.

Los hermanos Omar Horacio y José Raúl Ghibaudo pusieron a disposición de la organización dos campos de su propiedad: uno en Colonia Avellaneda, que era utilizado para la descarga de la droga, tal como ocurrió el 28 de mayo; y otro en María Grande, donde habían acondicionado el terreno y colocado banderines para que la aeronave pudiera aterrizar, y tenían listo un tanque con 420 litros de nafta Nitro V-Power para realizar la recarga de combustible necesaria y que la aeronave pudiera retornar a Paraguay. Los Ghibaudo no estaban convencidos de la operación, hasta que una especie de guía espiritual los persuadió, pero les dijo que no se lo contaran a nadie. También la curandera, de 74 años, quedó detenida.

No eran esas las únicas opciones que manejaba Celis para el aterrizaje de la droga. Luis Orlando Céparo, ex candidato a concejal de San Benito e integrante de su organización, se ocupaba de preparar y acondicionar otras pistas alternativas en las localidades de Bovril, Alcaraz y Villa Urquiza. De hecho fue Céparo quien contactó y contrató a los hermanos Ghibaudo. Idéntica función cumplían Sergio Marcelo Baldi y Marcos Javier Velázquez, quienes tenían apuntadas otras opciones sobre pistas de aterrizaje en Aldea Brasilera, Aldea Salto y Sauce de Luna.

Pero la última palabra en este punto la tenía Carlos Gastón de la Fuente, alias Cordobés, que tenía el contacto con los proveedores de droga y se había convertido en una especie de asesor de Titi Celis en la logística que requería el transporte aéreo de la marihuana.

En otras ocasiones la droga llegaba por vía terrestre a la provincia. El propio Tavi Celis viajaba hasta las provincias de Corrientes y Misiones a cerrar los negocios y la marihuana viajaba en distintos vehículos a Paraná; y una vez en la capital entrerriana, otra vez comenzaba a funcionar la maquinaria.

Otra forma transportar la droga era a través del río. Los investigadores admiten que no han logrado interceptar ninguna operación de este tipo, pero pueden deducirlo a partir de ciertos indicios, por ejemplo, la incautación de ladrillos de marihuana envueltos en papel de aluminio, en lugar de los tradicionales embalajes con cinta adhesiva. En aquel procedimiento de agosto de 2015 había paquetes con este tipo de envoltorios. La diferencia con los otros es que están acondicionados especialmente para ser trasladados por agua, y evitar que el estupefaciente se humedezca.

 

   
   
   
   
   
   
   
 

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